El juego nos ha acompañado desde hace siglos, pero es a raíz de su legalización cuando el problema de la adicción cobra mayor importancia. Afortunadamente en la actualidad ya no se tiende a considerar la ludopatía como un vicio, sino como algo que su propia palabra indica: una patología.
Es importante diferenciar un adicto al juego de un jugador social:
- El jugador social tiene como finalidad que su conducta es, y seguirá siendo, ocasional, con un control sobre la cantidad del tiempo de duración mientras juega y del dinero empleado. Juega por diversión y no intenta enmascarar otro tipo de problemas mediante el juego.
- Estamos ante un adicto cuando éste principalmente no controla la conducta del juego, a pesar de intentarlo repetidamente, y cuando no está jugando presenta ansiedad que sólo es satisfecha con la vuelta al juego. Siente la necesidad de jugar y, en ocasiones, lo utiliza para intentar desviar otros problemas emocionales. Llega a perder grandes cantidades de dinero y es entonces cuando juega para intentar “recuperar” lo perdido. Intenta ocultar a su entorno lo que le está ocurriendo y posteriormente aparecen los problemas familiares. En algunos casos esta situación le puede llevar a verse envuelto en delitos, tales como fraude, falsificaciones, etc.
El primer paso para solucionar la adicción es reconocer lo que está ocurriendo (Ver artículo: Los diez síntomas de la ludopatía. Jugar con la cabeza por Federico Martín Bellón) y no negarlo con ideas irracionales, ya que el jugador se convence de que tiene una probabilidad alta de ganar o de recuperar lo perdido, cuando en realidad el juego está sujeto al azar y por tanto no se puede controlar el ganar o perder. Estas ideas a menudo están reforzadas por mensajes que le llegan del propio juego, tales como que ganar es muy fácil o que a más juego más ganancia. Otras ideas las genera el mismo jugador como son supersticiones, probabilidades, su habilidad en dicho juego, etc.
Es necesario evaluar los motivos que llevaron al juego y abarcar tanto terapias cognitivas como conductuales que ayuden a evitar que se vuelva a jugar y erradicar las ideas irracionales que mantenían dicha conducta, así como para evitar posibles recaídas.