Siempre es más fácil prevenir que curar, y cuando hablamos de problemas con nuestros hijos mucho más. Pocas cosas hay que desesperen más a unos padres que el ver que su hijo que ya ha llegado a secundaria comienza a flaquear con los estudios, aparecen los primeros suspensos y además el chico no parece querer hacer nada por solucionarlo… Sigue sin ponerse a estudiar para resolver el problema.
La pregunta que debemos hacernos es ¿no quiere solucionarlo o no sabe como hacerlo?
No debemos olvidar que “el hombre es un animal de costumbres” lo que hacemos con continuidad se nos convierte en hábito y termina formando parte de nuestras rutinas sin costarnos apenas esfuerzo. Pero lo que no estamos acostumbrados a hacer, se nos hace un mundo y hay ocasiones en que no sabemos ni como abordarlo.
Muchos de los casos de dificultades académicas en la E.S.O. nos las encontramos en niños que han sido muy brillantes en primaria y que han sacado todos los cursos iniciales del colegio sin apenas necesitar estudiar y con unas notas buenísimas. Los padres ven que el curso va saliendo bien y no le obligan a trabajar más en casa planteando que “si va bien en el cole…, ya se tendrá que esforzar cuando sea mayor, pobrecillo”. Con estas actitudes se está abonando el terreno para encontrarnos con un problema real que puede convertirse en fracaso escolar cuando lleguen los cursos superiores.
Estos niños no tienen desarrollado el hábito de trabajo diario ni la capacidad para el esfuerzo (nunca les ha costado estudiar). En primaria, con escuchar en clase, hacer un par de ejercicios y echarle un vistazo al tema el día anterior al examen era suficiente para sacar unas notas “notables”.
Pero llega un momento, en que ya no es suficiente con atender en el instituto. Los cursos empiezan a aumentar el volumen de temas a tratar por asignatura, los profesores pasan a colgar apuntes en la plataforma del colegio, mandar textos adicionales para complementar la información… y si no estamos acostumbrados a trabajar los temas de estudio metódicamente y con elaboración personal, abordar de repente este tipo de trabajo puede sobrepasar al alumno ya que, son inteligentes, pero no tienen “don de adivinación” y las cosas si no se estudian no se aprenden.
Por muy bien que vaya en el cole y pocos deberes que traiga para casa, el crear un hábito de estudio desde pequeños, es fundamental para evitar el fracaso académico en secundaria.
Lo ideal es que cuando llegue a casa del cole, coma o meriende (según horario escolar) descanse un rato jugando a algo que no sean videojuegos; en este artículo de Kiddia se explican los problemas del exceso de juego. Pero a diario deben dedicarse entre 30 y 60 minutos a diversas tareas escolares, según el curso escolar:
- 1º y 2º: 30 minutos
- 3º y 4º: 45 minutos
- 5º y 6º: 60 minutos)
Durante este tiempo se debe repasar un poco lo del día, complementar si no hay deberes con algún cuadernillo de ejercicios sobre lo que esta dando en lengua y matemáticas, leer los temas de naturales y sociales… En definitiva, acostumbrarle a que todos los días hay que repasar un poquito lo que se ha visto en el cole. Cuando llegue a secundaria tendrá el hábito adquirido y no le costará esfuerzo abordar las nuevas exigencias académicas y adaptarse al curso sin dificultades.
Aprender a estudiar de forma autónoma favorece un mejor rendimiento escolar y unos resultados más brillantes y, por encima de todo, le convierte en el “protagonista de su éxito”. Aprenden que el resultado se debe a su esfuerzo y se beneficia de la satisfacción del reconocimiento a la tarea bien hecha. Este factor es fundamental para que su autoestima suba y se sientan orgullosos de si mismos, sabiendo que “su éxito se debe a su esfuerzo”.
Que nos regalen algo es agradable, pero saber que lo hemos conseguido por nuestros propios méritos es enriquecedor.
Un niño que saca un notable sin apenas estudiar se acomoda a la situación y no valora el logro, es lo “normal”. Sin embargo un niño que saca un notable gracias a su esfuerzo consigue valorarse a si mismo y ser consciente de su valía.