De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos. Thomas Carlyle
La queja es una reacción natural que nos permite liberar tensiones ante situaciones que nos resultan difíciles, preocupantes, dolorosas, complicadas… pero en ocasiones puede quitarnos energía.
Estamos rodeados de personas que pasan gran parte de su vida protestando. En nuestro entorno siempre hay algún familiar o amigo de éste perfil. En las noticias escuchamos cada día quejas de políticos contra políticos (da igual de los colores que sean), de políticos y ciudadanos contra la situación que nos toca vivir en ese momento, gente que se queja de lo que consideran sus “miserables vidas y situaciones personales”….
La queja es un hábito que forma parte de la persona, no responde a que una situación sea especialmente difícil. Hay personas que viven protestando, sintiéndose víctimas y responsabilizando a los demás de sus problemas; sin intentar ellos mismos hacer algo por cambiar, aunque se sientan atormentados.
Para algunas personas vivir instalados en la queja les resulta cómodo e incluso útil. Cuando se quejan, buscan que otros resuelvan sus problemas, pero a la vez eso les incapacita, les lleva a acomodarse en el problema, a poner el foco de atención en lo negativo, lo cual les causa una gran malestar, y les vuelve incapaces de buscar una solución a su problema. Poco a poco van delegando en los demás las causas y las consecuencias de sus emociones y se convierten en víctimas de su propia realidad. Se quedan estancados en el problema, no desarrollan estrategias de afrontamiento, lo que les vuelve cada vez más vulnerables, dejan su bienestar a merced de las circunstancias que viven y van perdiendo la responsabilidad en la búsqueda de su felicidad.
Escuchar a este tipo de personas tan negativas, nos hace sentir que llevamos una carga que no nos corresponde. Escuchar continuamente a aquellos que se quejan por todo, es más perjudicial de lo que pensamos y nos puede hacer sentir malestar, frustración, culpa y tristeza, que nos puede llevar a padecer alteraciones emocionales, pensamientos negativos, problemas de concentración y merma de nuestros propios recursos de afrontamiento.
Su actitud puede ser tan negativa y manipuladora que es fácil que nos haga pensar que somos insensibles por no querer seguir escuchándolos.
Es bueno sentir empatía cuando una persona de nuestro entorno de verdad lo está pasando mal y buscar la forma de ayudarle, pero si nos fijamos bien, las personas que tienen problemas serios, se quejan poco. Cuanto más se quejan y más generalizadas son sus quejas, menos graves son sus problemas o menos los sienten de verdad.
¿Cómo podemos defendernos de este tipo de personas?

1.- Mantente en la distancia emocional y, en ocasiones, si puedes con distancia física.
Ya que conviene alejarse de las personas “protestonas y quejicosas” que siempre están dándole vuelta a algún problema o queja.
2.- Devuélvele la responsabilidad.
Cuando le escuches, hazle saber que es él, el que tiene que buscar solución a sus problemas. No intentes convencerlo ni hacerle cambiar de opinión, no lo conseguirás; está acomodado en su papel (recuerda que le reporta beneficio) e intentará manipularte a ti o hacerte finalmente sentir mal porque no le entiendes ni te pones en su lugar.
Procura que la situación te afecte lo menos posible y sugiérele que lo intente resolver él sin más.
3.- No te dejes manipular y pon límites.
La personas que se quejan continuamente son egocéntricas ven el mundo desde su perspectiva y no perciben los problemas de los demás. Son muy hábiles en manipular con su actitud y nos debemos proteger emocionalmente contra ellos. No se van a dar cuenta de que están haciendo sentir mal a quien le escucha, ellos quieren descargar su malestar y no ven cómo repercute a los demás.
Evita seguir su juego, si intentas entenderlos y ponerte en su lugar terminarás sintiendo tanta negatividad que llegara a afectar en tu propia vida, sin darnos cuenta nos quita la energía. Tienes derecho a pedirles que no te cargue más con sus continuas quejas, que no te atosiguen contándote quejas continuamente
Quejarse es un hábito inútil, que no conduce a nada y que nunca resuelve el problema. Entonces, ¿Qué motivos les llevan a quejarse por todo?
Hay miles de motivos que llevan a la persona a quejarse, pero en general, entre otros podríamos destacar estos:
1.- Se sienten profundamente insatisfechos. Cuando se quejan de cualquiera de las formas en que les afecta el exterior… por calor/por frío, por lluvia/por sol, por trabajo/por falta de trabajo, por el trato recibido, por los demás… en el fondo se están quejando de su vida, de lo poco que les gusta y del gran vacío que sienten.
2.- Costumbre. En muchos casos, lo han aprendido en su núcleo familiar. Sus padres lo tenían como hábito y forma parte de las conversaciones cotidianas de la familia. La persona que se ha criado en este ambiente, no sabe iniciar una conversación sin una queja de algo.
3.- Ven el mundo desde su perspectiva y no tienen empatía. Estas personas sólo ven sus propios problemas y dan por hecho que merecen más que otras por lo que, cuando no lo obtienen, se quejan. No son capaces de ponerse en el lugar de los demás, ni sentir agradecimiento por que son egocéntricas
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