Llevamos ya mes y medio de confinamiento y los niños empiezan a notar los efectos del cambio de vida tan radical que han tenido, no tener contacto con sus iguales, no poder ir al parque a correr y jugar, no poder hacer deporte, etc. A todo esto debemos añadir las posibles preocupaciones de sus padres y el cansancio que puedan tener por tener que llevar la carga de la casa, de su trabajo, de los deberes y cuidados de los hijos… Por si fuera poco, les estamos pidiendo que cada mañana se levanten, como si fueran al cole, para ponerse en el escritorio a hacer deberes y trabajar las distintas asignaturas durante toda o gran parte de la mañana. Y así, día tras día sin saber cuándo va a acabar esto.
Todos estos factores están empezando a repercutir de forma negativa en los niños causándoles irritabilidad, estrés, ansiedad, frustración y desmotivación.

Los niños y adolescentes cuando están desmotivados se mantienen activos en la tarea poco tiempo, tienden a elegir lo más fácil y/o lo que menos les cuesta, por lo tanto no se sienten satisfechos al realizarlo. Necesitan atención y que estemos pendientes de ellos constantemente para que no cesen en la tarea, tienen dificultad en aprender de forma autónoma, nunca encuentran placer en las tareas y se quejan de forma constante mientras las realizan.

Si encontramos la manera de que se motiven, conseguiremos que se mantengan en la tarea más tiempo, no necesitarán que el adulto esté pendiente de ellos todo el tiempo y buscarán realizar actividades, retos, que les haga sentir bien, En definitiva, se sentirán satisfechos de su trabajo y encontrarán gratificante realizar lo que se hayan planteado.
Vamos a intentar hacer una breve aproximación a cómo podemos intentar ayudar a desarrollar la motivación de nuestros hijos. Para ello debemos entender primero el significado del concepto motivación:
Entendemos por motivación, aquel proceso por el que un comportamiento y la actividad de un individuo, se inician y continúan.
La RAE lo define como un conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona. Según esto podemos diferenciar dos tipos de motivación; intrínseca y extrínseca.
Motivación intrínseca: es la que surge de uno mismo, la que nos hace crear compromisos reales y la que nos lleva a conseguir nuestros proyectos. Sería ideal que todos los estudiantes estuvieran interesados por el estudio y en trabajar de la forma más efectiva todo el tiempo, aunque sabemos que esto es más utopía que realidad pero, podemos incidir en buscar la manera de motivarlos para que quieran aprender algunas cosas que sean de su interés.
La motivación intrínseca es la que nos lleva a hacer las cosas por el mero placer de hacerlas. La propia ejecución de la tarea es la recompensa, pues nos lo pasamos bien haciéndolo. Esta motivación nace del interior del niño, con el fin de satisfacer deseos no materiales, como por ejemplo, la autorrealización y el disfrutar de la tarea que realiza.
Los niños pequeños (a excepción de los que no han sido estimulados) suelen tener mucha motivación intrínseca ya que su curiosidad les lleva a querer explorar su mundo.
Motivación extrínseca: podríamos definirla como los estímulos que vienen de fuera del niño, que suponen un incentivo para que logre sus objetivos y que le llevan a mejores niveles de calidad y eficacia en la tarea. Serían los incentivos y recompensas, como ver un rato más la TV , poder acceder cierto tiempo a dispositivos electrónicos, poder elegir un postre, etc.
La clave para conseguir el mayor rendimiento en el niño, consistiría en entender las dos motivaciones como un todo, ya que son complementarias, y reforzar y potenciar ambas, en su justa medida.
Para incidir en potenciar su motivación, debemos tener en cuenta los deseos comunes a todos los seres humanos:
A.- El principio del placer, buscar el bienestar personal.
B.- El principio de reconocimiento e integración social; el deseo de ser aceptado y formar parte de un grupo.
C.- El principio de creatividad o superación personal; el buscar ampliar sus posibilidades de acción.

Si queremos que nuestros hijos se motiven por aprender y por querer hacer las cosas bien, debemos tener presente estos tres principios, o al menos alguno de ellos y, en paralelo, debemos ayudarnos de algunos recursos motivacionales primarios:
1.– Debemos mostrar a nuestros hijos nuestras propias motivaciones, unos padres motivados contagian con su ejemplo. Muéstrate como un modelo de superación personal.
2.– Consecuencias positivas, recompensas: reconocer el esfuerzo y premiar el deseo de aprender o el realizar conductas adecuadas, favorece la motivación de los hijos. Ej. Cuando termine de realizar su tarea,bien hecha, puede hacer algo que le guste. Cuanto antes y mejor la haga, antes pasará a hacer lo que le agrada.**
3.- Si la desmotivación conlleva consecuencias lógicas y se aprende de los errores la motivación puede recobrarse. Ej. Cuando termine de realizar su tarea, bien hecha, puede hacer algo que le guste. Si hoy está desmotivado y no hace lo pactado, no podrá hacer lo que le gusta hasta muy tarde o en todo el día, lo que le hará tener una consecuencia negativa. Esto le puede hacer aprender y el próximo día perder menos tiempo para poder conseguir su consecuencia positiva. **
**Es muy importante que estos dos aspectos de autorregularse el niño las consecuencias de su acción, vayan acompañados de un control emocional por parte de los padres. Se deben mostrar seguros y tranquilos; quedarse sin lo que le gusta, no es un castigo, es que hoy no lo ha conseguido. Hay que enseñarle al niño que las cosas que hacemos tienen consecuencias, si las hacemos bien serán positivas y si la hacemos mal serán negativas. El lograr una cosa u otra depende de su decisión y de su actuación.
4.- Fomentar un entorno feliz y tranquilo. Estamos en un periodo diferente,tenemos tiempo para estar juntos, hablar y compartir nuestras ideas, proyectos…que probablemente no se repita, intentemos disfrutar de lo positivo que tiene el disponer de tiempo para nosotros. Un entorno feliz y tranquilo, fomenta la motivación.Haz que se sienta escuchado y comprendido, muéstrate empático.
5.– Hablar con los hijos y explicarles el sentido que tienen las normas, la necesidad de aprender y formarnos, el desarrollo personal, el poder sacar cada uno lo mejor de sí mismo. Razonar con ellos y argumentarles los beneficios de querer hacer las cosas bien.
6.- Fomentar sentimientos positivos que despiertan los deseos de actuar bien. Transmitirles emociones positivas, decirles lo contentos que estamos con ellos y lo orgullosos que nos sentimos cuando hacen las cosas adecuadamente y cuando actúan dando lo mejor de ello mismos.
7.– Ayudarles a solventar los obstáculos que se encuentren en el desarrollo de sus tareas, pero sin quitárselos nosotros. Debemos ayudarles pero que lo hagan ellos para que se sientan contentos consigo mismo.
8.- Refuérzales verbalmente, transmítele confianza felicitándole por su constancia por sus progresos y por su interés, aunque no haya conseguido el logro en algún momento.
9.– Quita trascendencia a los errores y enséñale a aprender de ellos. No magnifiques lo que hace mal y ensalza lo que hace bien. Ayúdale a que desarrolle mayor autoconfianza en sus posibilidades.
10.- Premia su motivación, su responsabilidad y su mejora en el estudio con reconocimiento y privilegios merecidos. No le des todo lo que pida si no lo merece, eso hará que deje de valorar las cosas, el esfuerzo y la capacidad de ganarse las cosas por sí mismo. En definitiva le desmotiva más de lo que está para hacer las cosas bien.
Motivar a nuestros hijos es posible, incluso en esta situación tan difícil que estamos pasando, sobre todo si nosotros estamos motivados en superarnos como padres y como personas en general. Si somos capaces de transmitirles emociones positivas, valores, autoestima, reconocimiento y seguridad en ellos mismos conseguiremos un gran avance en su bienestar y por extensión, en el nuestro como padres .